¿Qué relación tiene el lenguaje sexista y los comportamientos constitutivos de delitos de violencia de género? Desde hace años empleamos algunas metáforas zoológicas para referirnos a las personas o a sus características.
Las particularidades propias de los animales se perciben, por lo general, como positivas. Tales como fuerza, valor, nobleza, inteligencia, sagacidad, etc. Sin embargo, en un segundo grupo encontramos las metáforas zoológicas que disponen de una connotación negativa, empleadas para destacar determinadas características como, por ejemplo, lagarta para referirnos a una mujer pícara y taimada.
La asignación de matices en algunos de los casos no es clara, teniendo su raíz en el género del animal nombrado y el sexo de la persona a la que se aplique. El significado positivo o negativo responde a un uso sexista del lenguaje, dando a la metáfora una pincelada positiva, neutra o negativa si se aplica a un género distinto. Decir que es un hombre es “un zorro viejo” desemboca en la definición de un hombre astuto. En oposición a zorra, que se utiliza para designar a una mujer promiscua o que ejerce la prostitución. Podemos continuar señalando los aspectos físicos, por ejemplo “estar como un toro” o “estar como una vaca” que en uno de los casos aplica para un hombre que disponga de gran fuerza física o de buen estado de salud; y para una mujer adopta el significado totalmente contrario, dando como resultado una expresión que hace referencia a su sobrepeso u obesidad.
Muchas veces no somos conscientes de cómo el uso del lenguaje confluye en injurias leves y graves con el ámbito jurídico. Específicamente, en el área de la violencia de género existen numerosas sentencias condenatorias, que incluyen la utilización de este tipo de expresiones con finalidad vejatoria, injuriosa o de menoscabar psíquicamente la integridad de las mujeres.
A continuación, citaremos algunas de las diversas sentencias de Audiencias Provinciales en las que se pone de manifiesto el uso de esta terminología para vejar a las víctimas.
S AP Madrid Secc 27ª, nº 272/2018 de 05 de abril de 2018: “El acusado, con ánimo de menospreciarla, se dirigió a Adelina con expresiones: rata asquerosa y manipuladora”
S AP A Coruña, Secc. 1ª, nº 172/2018, de 28/04/2018: “Perra, payasa, ¿me quieres coger el teléfono?, ¡cógeme el teléfono!, porfa estás hablando y no me coges, oye y sigues en línea pedazo perra, ¿me quieres coger el teléfono?, ¡oye!”.
S AP Bilbao, Secc 6ª, nº 172/2018 de 28 de abril 2018: “Puta hija de puta, ya estás zorreando, ladrona, vaca, muerta de hambre, que nadie querría en esta vida una vaca con dos cachorros”.
Por lo que podemos concluir, la sociedad aún se encuentra profundamente arraigada en el uso del lenguaje de origen animal para el empleo de sesgo sexista o vejatorio hacia la mujer, desembocando en delitos constitutivos de violencia de género. Es hora de tomar conciencia y prestar atención al uso y manejo del idioma, arrojando luz sobre el eterno cuestionamiento de si estamos siendo víctimas de violencia verbal y psicológica por parte de la pareja, expareja o se está sufriendo una situación de violencia en el ámbito familiar.

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